Cocinas


Son numerosas las funciones que se llevan a cabo a lo largo del día en la cocina. Esta habitación, ya sea muy frecuentada o no, requiere en todo caso una gran coherencia y capacidad organizativa. Y cuanto menor sea el espacio, mayor deberá ser la organización del mismo.

Las actividades que se realizan en la cocina pueden agruparse en cinco categorías:

  1. La preparación de alimentos (zonas de cocción, lavado y superficies de trabajo)
  2. La conservación de los alimentos (frigorífico para los perecederos y despensa para las provisiones)
  3. El almacenamiento de las “herramientas” (utensilios, ollas, electrodomésticos, vajilla, cristalería, cubiertos, etc.)
  4. La eliminación de deshechos y olores (cubo de la basura y campana extractora)
  5. El consumo de los alimentos (en una cocina muy pequeña, este área se verá reducida a lo esencial)

Cocina y personalidad

Además de estas funciones principales, con mucha frecuencia la cocina es el corazón de la casa, el ambiente más informal para estar en grupo e inclusive recibir visitas. Su calidad estética es, por consiguiente, un factor que no debe descuidarse. Además de su carácter práctico, en la cocina, como ocurre en toda la casa, se expresan los gustos personales del propietario.

Cómo aprovechar al máximo la superficie disponible

La mayoría de nosotros tiene a su disposición un espacio menor que el que desearía. Sin embargo, muchas cocinas parecen más pequeñas de lo que son en realidad a causa de su mala planificación. Uno de los aspectos que tiene una mayor importancia para la buena funcionalidad de la cocina es, por pequeña que pueda ser, el acceso a cómodo a cualquier elemento u objeto.

En consecuencia, una de las reglas fundamentales en la organización de la cocina es hacer más accesibles aquellos objetos que suelen utilizarse con más asiduidad.

La cocina quizá sea el espacio dotado de una mayor complejidad tecnológica en las viviendas modernas, ya que cada máquina responde a una función determinada y requiere una instalación y unos cuidados precisos.

Otro criterio importante que debe observarse es la adaptabilidad del espacio. Si bien es cierto que en un ambiente tan funcional cada elemento debe hallar su ubicación más adecuada, no lo es menos que el uso que podamos hacer de ese espacio no siempre es el mismo. Un cierto margen de  libertad de movimientos y acción, la posibilidad de trabajar varias personas en su interior, o bien de permanecer sentados mientras uno trabaja, de comer aunque sea un simple bocadillo, de vivir el espacio de trabajo de la forma más libre que sea posible, resulta de un gran valor para un lugar que no debemos en absoluto considerar de segunda categoría respecto las demás habitaciones de la casa.

Un tercer aspecto que no debe olvidarse tiene que ver con la amplitud, tanto de la superficie de trabajo como a la de almacenamiento de elementos de cocina y utensilios. De hecho, resulta esencial contar con un cómodo plano de apoyo libre de objetos o de pequeños electrodomésticos que con frecuencia resultan inútiles. También será de gran valor el espacio que obtengamos para guardar ollas, sartenes, platos, vasos y cualquier otro instrumento de trabajo así como el espacio reservado a la comida: provisiones y alimentos no perecederos en general.

Podremos elegir entre muebles cerrados con puertas, como los bajos y armarios colgantes de la mayoría de las cocinas que se encuentran en el mercado, o bien paredes equipadas con uno o varios estantes y menos elementos cerrados, a veces sólo con una cortina, así como carritos con ruedas. Lo que cuenta, al fin y al cabo, es la posibilidad de guardar, en el momento preciso, cada cosa en su sitio para liberar al máximo el área efectiva de trabajo.

Sin embargo, no debemos asustarnos: si hoy en día es difícil encontrar una casa con los enormes espacios de las cocinas de antaño, no es menos cierto que una superficie de trabajo de 60x90cm junto a una pequeña encimera y otra adicional de pequeñas dimensiones colocada junto a los fuegos serían más que suficientes para trabajar sin molestias durante la preparación de la comida.

Por último, el cuarto consejo se refiere a la elección del mobiliario. Si bien la oferta actual es muy extensa, siempre es preferible no empeñarse en una mesa en concreto, en un refrigerador u otro mueble o electrodoméstico antes de tomar medidas exactas de la cocina a equipar.

El área de trabajo

Por regla general, la superficie de una cocina no debe resultar inferior a 6m2 y contar –preferiblemente- con luz e iluminación natural, para garantizar la habitabilidad general del ambiente. Además de estos datos fundamentales, la zona de trabajo se puede concebir y organizar en función de sus características propias. Conservando los cuatro grandes grupos funcionales anteriores (preparación,  conservación, almacenamiento, eliminación) las posibilidades de los elementos que definen el espacio de trabajo son muy variadas, Aun así, las podemos resumir en seis grupos principales, que son:

–       La cocina lineal

–       La cocina en “L” o esquinada

–       La cocina lineal en un salón (cocina americana u open space)

–       La cocina de desarrollo irregular

–       La cocina empotrada

–       La cocina por bloques separados

La superficie de trabajo y la zona de comer

Hemos visto hasta qué punto es importante obtener un espacio libre para trabajar. En las cocinas de antaño, la mesa de trabajo, situada en el centro de la estancia, se usaba después para comer. Hoy en día, en cambio, las cocinas suelen ser tan pequeñas que deben aprovecharse todas las superficies útiles.

La cocina aislada

Se trata de una modalidad que procede de la tipología americana y de la concepción de las cocinas del pasado, en las que se llevaba a cabo todo el proceso relativo a la alimentación alrededor de una gran mesa provista de cajones. Consta de un elemento separado de las paredes y por ello accesible a varias personas y desde todos los lados, donde se concentran una superficie de trabajo, los fogones y los armarios. Se trata de un sistema muy práctico precisamente por la ventaja que supone su total accesibilidad y por su equidistancia respecto a cualquier rincón de la habitación. Aun así, no siempre resulta posible implantar este sistema, ya que, como es natural, una cocina estrecha no permite este tipo de soluciones.

Las paredes equipadas

El principio básico es el siguiente: los paneles están constituidos por el mismo revestimiento que la estancia (madera, acero, baldosas, etc.) en los que se van colgando estantes y accesorios con gran libertad y flexibilidad, con lo cual estos pueden estar más o menos altos, unidos o desplazados. La campana extractora puede fijarse a la pared. Y colocarse cubos o accesorios especiales equipados con porta-cuchillos, colgadores, atriles, toalleros y todo tipo de accesorios. Se trata de una nueva forma de concebir la cocina que apenas destaca del ambiente en el que está colocada, por lo que puede decorarse de una manera muy personal.

La despensa

Si en otros tiempos esta palabra se refería a un espacio expresamente concebido para la conservación de los alimentos, en su acepción actual se asocia con la imagen de un armario o de una estructura destinada a alojar todos aquellos alimentos que no se estropean a temperatura ambiente. En ciertos casos la despensa, como si se tratara de una cabina o un armario dentro de la propia cocina, puede ocupar un espacio autónomo con respecto al recinto de la cocina propiamente dicha. Las dimensiones de este espacio pueden reducirse al mínimo. Se trata, en realidad, de un apéndice de la cocina, separado, aunque en relación directa con ella. Los anaqueles pueden dejarse a la vista y el armario disimularse con una puerta, una cortina o una veneciana. Cuando, por el contrario, la despensa se limita a un solo mueble y se encuentra en la cocina, podrá ser de varios tipos: un modelo que recuerde a las que se usaron en otro tiempo, una columna dotada de un mecanismo extraíble, integrada con el resto del sistema que hemos elegido para nuestra cocina, un mueble a medida, en función de cómo se haya distribuido el espacio, o bien una simple estantería, con los estantes a la vista, a la que se puede dar un toque personal.

El lavadero

Es un espacio que puede estar integrado o no al área de la cocina.

Si nuestra casa es demasiado pequeña para contar con un lavabo auxiliar, pero no queremos sacrificar el baño principal incluyendo en su interior una lavadora, la solución pasa por practicar un mínimo espacio en la cocina para tal fin.

La lavadora, la secadora y hasta el calentador del agua pueden ocupar un espacio de no más de 70 cm de ancho que puede cerrarse con una puerta o un estor.

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